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Cuando compras un frigorífico ves el precio, los litros, el consumo, el ruido y la clase energética. Lo que normalmente no ves es una variable más fundamental que todas esas: ¿durante cuánto tiempo está el fabricante dispuesto a responsabilizarse de que siga funcionando? A partir del 27 de septiembre de 2026, esa pregunta empieza a tener una respuesta visible en el propio producto, gracias a una nueva normativa europea que cambia qué información consideramos básica antes de comprar algo.
¿Qué es la EU GARAN, la nueva etiqueta de garantía europea?
Dos cosas a la vez, y conviene distinguirlas bien. Primero, un aviso obligatorio que todos los comercios (físicos y online) tendrán que mostrar de forma destacada, recordando que cualquier producto vendido en la UE tiene una garantía legal mínima. Segundo, la etiqueta EU GARAN, voluntaria, que solo pueden usar los fabricantes que ofrezcan una garantía comercial de durabilidad superior a la legal, según la guía oficial de la Comisión, y solo si cumple tres condiciones: cubre el producto entero, se extiende más allá del mínimo legal, y no tiene ningún coste adicional para el consumidor. El objetivo declarado es evitar justo lo que hemos visto en Vitrina hace pocos días al hablar de garantías ampliadas de pago que en realidad no añadían protección real más allá de lo que la ley ya obligaba gratis.
No es la primera etiqueta de este tipo, es la segunda
Desde junio de 2025, móviles y tablets ya llevan un índice de reparabilidad de A a E en su etiqueta energética. Y en noviembre de 2025, la Comisión adoptó la misma escala para secadoras, que será obligatoria en su etiquetado desde enero de 2027, aunque los fabricantes ya pueden empezar a usarla antes. El dato que justifica el cambio es contundente: la vida útil media de una secadora ha caído de 14 a 12 años en la UE, y cada unidad genera 14 kg de residuos a lo largo de su vida. Si esa tendencia continúa, la propia Comisión calcula un impacto extra de más de 9.700 terajulios de energía y 114 toneladas de residuos adicionales en toda la UE de aquí a 2040.

La etiqueta está dejando de hablar solo de consumo
Aquí está el cambio de diseño de información que hace esto interesante más allá del trámite legal. Durante casi treinta años, la etiqueta energética europea ha respondido a una sola pregunta: ¿cuánto va a gastar este aparato mientras funcione? Con el índice de reparabilidad y ahora la etiqueta GARAN, empieza a responder también a dos preguntas nuevas: ¿cuánto tiempo va a seguir funcionando? y ¿qué tan fácil será arreglarlo si se rompe?. No es un cambio cosmético de diseño, es un cambio de qué variables consideramos que un comprador necesita ver antes de decidir, y eso siempre acaba cambiando qué productos ganan en el mercado.
¿Por qué esto puede cambiar el comportamiento de los fabricantes, no solo el de los compradores?
Porque convierte algo que antes era invisible en una ventaja competitiva visible. Si dos frigoríficos cuestan lo mismo y consumen lo mismo, pero uno lleva la etiqueta GARAN con 5 años de durabilidad garantizada y el otro no lleva nada, esa diferencia ya no depende de que el comprador lea la letra pequeña del folleto, está al mismo nivel visual que el precio o la clase energética. Eso presiona a los fabricantes que hoy diseñan productos con obsolescencia programada de forma más o menos implícita, porque de repente esa decisión de diseño se vuelve visible y comparable en el punto de venta, no algo que solo se descubre cuando el aparato ya se ha roto.
¿Qué deberías hacer tú con esto, como comprador?
A partir de finales de septiembre, empieza a merecer la pena mirar la etiqueta GARAN con el mismo criterio con el que ya miras la clase energética: no como un extra decorativo, sino como un dato real que puede justificar pagar algo más por un producto frente a otro idéntico en precio y prestaciones. Recordándolo siempre desde la base que ya conoces: en España tienes 3 años de garantía legal gratis pase lo que pase, así que una etiqueta GARAN solo te está aportando algo real si promete cobertura más allá de esos tres años, sin coste añadido. Es la misma lógica que ya aplicábamos al hablar de garantías extendidas de pago, solo que ahora llega con un sello oficial que hace mucho más fácil distinguir el valor real del marketing.



