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Una web bonita también consume recursos

MEK redujo las emisiones de su web un 67% rediseñándola con el consumo energético como restricción de diseño. Por qué UX tiene ya una quinta pregunta además de experiencia, conversión, accesibilidad y velocidad: ¿merece los recursos que consume?

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Mirella Arapian, fundadora del estudio MEK, cuenta en Design Week algo que empezó como curiosidad y terminó como un rediseño completo: descubrieron que su propia web producía más carbono que el 76,5% de las páginas analizadas por Website Carbon Calculator, unos 145,6 kg de CO₂ al año solo con 10.000 visitas mensuales. La web tenía siete imágenes a pantalla completa en la portada, vídeo y animaciones de unos 8 MB de media por archivo. Tras el rediseño, las emisiones por visita bajaron de 1,21 g de CO₂ a 0,42 g, una reducción del 67%. Pero el dato interesante no es el porcentaje, es lo que revela sobre cómo diseñamos.

¿Existe ya un estándar real para el diseño web sostenible?

Sí, y no es una moda reciente sin respaldo técnico. El W3C mantiene ya sus Web Sustainability Guidelines, con secciones específicas dedicadas a experiencia de usuario. Recomiendan explícitamente optimizar los medios para reducir el uso de recursos, asegurar que cualquier animación sea proporcionada y fácil de controlar, y usar tipografía web optimizada, priorizando fuentes preinstaladas en el sistema del usuario para reducir las descargas. No son sugerencias sueltas de un blog, es un documento de referencia con criterios de éxito medibles, igual que existe para accesibilidad.

Lo que MEK cambió de verdad en su web

Sustituyeron JPG de alta resolución por imágenes AVIF optimizadas y redimensionadas, eliminaron casi todo el vídeo y el movimiento, simplificaron la navegación y redujeron el volumen de contenido. También cambiaron de un interfaz claro a modo oscuro, reduciendo el consumo energético sin sacrificar accesibilidad. Cada decisión partió de la misma pregunta: ¿esto necesita existir, necesita este tamaño, necesita moverse?

Manos escribiendo en un portátil con pantalla en blanco
Cada imagen, vídeo o animación que añadimos a una web tiene un coste energético real, aunque nadie lo vea

¿Donde termina la optimización y empieza el empobrecimiento?

Aquí está la parte más honesta del caso de MEK, y la que lo convierte en algo más que un manifiesto. En tipografía, probaron sustituir su fuente de marca (Monument Grotesk, de Dinamo) por Arial, la opción más eficiente posible: fuente de sistema, sin descarga adicional. Técnicamente funcionaba. Pero Arapian lo resume con una frase que deja claro el límite: era eficiente, y también era Arial. Terminaron optando por Google Fonts, aceptando un pequeño aumento de energía a cambio de una tipografía que sostenía de verdad la identidad de marca y la experiencia de usuario.

Esa decisión es el núcleo de todo el argumento: el diseño de bajo carbono no consiste en conseguir la cifra más baja posible a cualquier precio, consiste en entender el coste real de cada decisión y decidir con criterio qué merece la pena pagar. Lo mismo aplica al modo oscuro que eligieron: no lo adoptaron solo porque consuma menos, sino porque además mantenía la accesibilidad.

Una quinta pregunta se suma a las de siempre en UX

Durante años, diseñar una interfaz ha significado preguntarse si mejora la experiencia, si mejora la conversión, si es accesible, si carga rápido. Ahora aparece una quinta pregunta, distinta a las anteriores aunque relacionada: ¿merece los recursos que consume? No es la misma pregunta que «carga rápido», porque algo puede cargar razonablemente rápido y seguir consumiendo mucha más energía de la que aporta en valor real al usuario. Un vídeo autoreproducido de fondo en un hero, una animación de scroll en cada sección, una fuente variable con docenas de ejes que nadie va a usar: nada de eso rompe el rendimiento técnico necesariamente, pero tampoco aporta lo suficiente para justificar lo que cuesta generarlo, transmitirlo y renderizarlo, multiplicado por miles de visitas.

¿Esto significa que toda web debería parecerse a un documento de texto?

No, y el propio caso de MEK es la mejor prueba de que no. Arapian lo deja claro: esto no es un argumento a favor de webs aburridas, es lo contrario. Cuando no puedes apoyarte en el espectáculo (otro vídeo de 8 MB, otra animación más), tienes que preguntarte qué comunica de verdad tu diseño, y esa restricción suele producir mejores ideas, no peores. La pregunta útil para cada elemento de una web no es «¿puedo permitírmelo técnicamente?», es «¿qué aporta esto que no podría conseguir de otra forma más ligera?». La mayoría de las veces, la respuesta sincera reduce bastante más de lo que uno esperaba antes de hacerse la pregunta. Es una pregunta que vale la pena hacerse precisamente cuando te planteas rediseñar tu web, no después.