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No hay una respuesta universal a si compensa más la calefacción central o la individual: depende de tus hábitos de uso, del clima de tu zona, del tamaño del edificio y, sobre todo, de un detalle que cambió las reglas del juego en 2023 y que mucha gente todavía no tiene claro: la calefacción central «pura», sin contador individual, ya casi no debería existir por ley.
Las tres modalidades reales (no solo dos)
La confusión más habitual es tratar esto como una elección binaria, cuando en realidad hay tres situaciones distintas:
- Calefacción central sin contador: una caldera común reparte el gasto a partes iguales entre todos los vecinos, sin importar cuánto consume cada uno. Es la modalidad que la normativa ha obligado a eliminar en la mayoría de casos.
- Calefacción central individualizada (con contador): sigue habiendo una única caldera común, pero cada vivienda tiene su propio contador o repartidor de costes, y paga según lo que realmente consume. Es la situación más habitual hoy en edificios con calefacción central.
- Calefacción individual: cada vivienda tiene su propia caldera o sistema (gas, eléctrico, aerotermia…), totalmente independiente del resto del edificio.
El cambio normativo que ya debería haberse aplicado en tu edificio
El Real Decreto 736/2020 obligó a instalar sistemas de contabilización individual (contadores de energía térmica o repartidores de costes en cada radiador) en todos los edificios con calefacción central, siempre que sea técnica y económicamente viable. El plazo terminó el 1 de mayo de 2023, y no cumplirlo puede acarrear sanciones económicas para la comunidad.
Hay una excepción geográfica concreta: no es obligatorio en edificios situados en las zonas climáticas A y B, que incluyen las islas, la zona de Levante, la cuenca del Guadalquivir y Ceuta y Melilla, donde el clima hace que la instalación rara vez sea rentable.
El efecto práctico de este cambio es notable: según el IDAE, el ahorro agregado para el conjunto de usuarios de una instalación con reparto individualizado se acerca al 30%, y algunas fuentes del sector sitúan el ahorro individual entre el 25% y el 40% para quienes, al ver su consumo real reflejado en la factura, empiezan a regular mejor el uso.
Ventajas e inconvenientes de cada sistema
| Central individualizada | Individual | |
|---|---|---|
| Coste de instalación | Bajo, compartido entre vecinos | Alto, íntegro para ti |
| Mantenimiento | Gestionado por la comunidad, coste repartido | Responsabilidad y coste 100% tuyos |
| Control de horarios | Limitado al rango acordado por la comunidad | Total, a cualquier hora |
| Espacio en casa | No ocupa espacio propio | Necesitas sitio para la caldera |
| Si no usas la vivienda una temporada | Puede seguir habiendo cuota fija de mantenimiento | No generas gasto si no la usas |
| Si se avería el sistema | Puede dejar sin calefacción a todo el edificio | Solo te afecta a ti |
| Elegir tarifa o proveedor | Decisión colectiva de la comunidad | Total libertad para comparar y cambiar |
Cuánto cuesta realmente cada opción
Un estudio técnico comparativo a 10 años, manteniendo el mismo nivel de confort, comparando tres viviendas equivalentes con sistemas distintos, dio estos gastos mensuales medios:
- Calefacción central con biomasa: 67,34 €/mes (2,24 €/día)
- Caldera individual de gas natural: 89,22 €/mes (2,97 €/día)
- Suelo radiante eléctrico individual: 109,79 €/mes (3,66 €/día)
Como referencia de instalación individual: una caldera de gas natural con radiadores para un piso de 100 m² ronda los 4.000 € de instalación, con un gasto diario en invierno de en torno a 1,40 €. Las calderas de condensación, algo más caras, reducen el consumo de gas en torno a un 30% frente a las convencionales. El suelo radiante eléctrico, con una instalación de entre 6.000 y 10.000 € por requerir obra, puede reducir el gasto entre un 10% y un 30% frente a otros sistemas eléctricos. Las bombas de calor, con una instalación en torno a 6.000 € para varias habitaciones, encajan especialmente bien en inviernos cortos o suaves y en segundas residencias.
Cómo cambiar de sistema (y quién decide)
Cambiar el sistema de calefacción de un edificio no es una decisión individual: requiere el acuerdo de tres quintos (60%) de los propietarios con derecho a voto, que representen además la misma proporción de cuotas de participación. Existen dos vías distintas:
- Añadir contadores individuales al sistema central existente, la opción más barata y rápida, que mantiene la infraestructura compartida.
- Descentralizar por completo, instalando una caldera individual en cada vivienda, que exige desconectar el circuito de radiadores de cada piso del circuito central y replantearlo con la nueva caldera, con obra en la vivienda que da a fachada para sacar salida de humos y acometida.
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El consumo lo paga el usuario en una calefacción central con contador individual: el propietario, o el inquilino si así se ha pactado en el contrato de alquiler; la cuota fija de mantenimiento suele repartirse entre todos los propietarios independientemente del consumo. Tu comunidad solo puede seguir teniendo central sin contadores de forma legal si está en una zona climática exenta (islas, Levante, cuenca del Guadalquivir, Ceuta y Melilla) o si la instalación resulta técnicamente inviable en ese edificio concreto; fuera de esos casos, debería haberse instalado antes del 1 de mayo de 2023. Y si vives en un ático o planta alta de un edificio con muchas alturas, ten en cuenta que los pisos superiores pueden recibir menos calor en edificios grandes, ya que bombear agua caliente hasta arriba es técnicamente más exigente que a las plantas bajas; un buen equilibrado hidráulico del sistema minimiza este problema. Si además te estás planteando cambiar de sistema emisor, esta comparativa de radiadores, suelo radiante y fan coils completa la decisión.
Sea cual sea el sistema que tengas, el gasto real de calefacción depende tanto del aislamiento de tu vivienda (te interesa nuestra comparativa de SATE, aislamiento interior o insuflado) como de si tienes la tarifa eléctrica o de gas adecuada a tu perfil de consumo.



