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Exploding Topics sitúa actualmente el balletcore entre las tendencias con mayor crecimiento de búsqueda en Estados Unidos. Pero quedarse ahí es llegar tarde: el balletcore ya no es una moda aislada, es la primera pieza de un fenómeno mucho más amplio que la industria de la moda ha bautizado como sportscore, la obsesión por vestir como si practicáramos un deporte, aunque no lo practiquemos. Del ballet al tenis, y del tenis a la hipíca, la moda lleva varias temporadas reciclando el mismo impulso con un deporte distinto cada vez.
Qué es el sportscore y por qué es la tendencia madre
El sportscore no es un estética única, sino un paraguas: la fusión de prendas deportivas clásicas con moda de calle, aplicada a un deporte distinto según la temporada. Analistas de moda lo describen como una corriente que combina el atractivo nostálgico de la cultura deportiva con una silueta versátil que encaja con cómo se viste el consumidor actual. El término ya circula con fuerza en TikTok bajo etiquetas como #sportscore y #sportcore, y explica por qué en apenas cuatro años hemos pasado del ballet al tenis y de ahí a la hipíca sin que la lógica de fondo cambie: tomar el uniforme de un deporte y convertirlo en ropa de calle.
Balletcore: de moda pasajera a cambio de comportamiento real
El balletcore nació en TikTok alrededor de 2022, con looks de tul rosa palo muy curados, a medio camino entre el «coquette» y el «clean girl». Lo interesante de la ola de 2026 es que ha cruzado un umbral que casi ninguna microtendencia alcanza: está cambiando comportamientos, no solo armarios. En academias de danza de Estados Unidos, las clases de ballet para adultos que antes reunían a cuatro o cinco personas ahora llegan a catorce o quince, según relatan directoras de escuelas de danza consultadas por medios especializados. La tendencia también ha cambiado de tono: si en 2022 era más «hada de azúcar», la versión de 2026 se acerca más a la estética de Cisne Negro, con piezas más oscuras y sofisticadas que las de la primera ola.
El punto de partida comercial suele situarse en el desfile de otoño-invierno 2022 de Miu Miu, cuando las bailarinas con tiras elásticas de logo se convirtieron en una de las piezas más codiciadas de la temporada, tras más de una década sin protagonismo en las pasarelas. Desde entonces, marcas como Repetto (con raíces reales en la danza profesional) han reformulado sus modelos clásicos para capturar la misma ola.
Tenniscore: el salto del ballet al polo y la falda plisada
El tenniscore siguió un camino casi idéntico al del balletcore, solo que un par de años antes: nació también en 2021-2022, empujado por el auge del tenis como deporte de distancia social durante la pandemia, y con Miu Miu de nuevo como punto de arranque comercial en su colección otoño-invierno 2022, con polos y faldas plisadas que sentaron las bases del estética. La fórmula del tenniscore combina polos, jerséis oversize, faldas plisadas y zapatillas clásicas, fusionando el estilo naciente del tenis con el clásico preppy. Marcas como Lacoste, Ralph Lauren y Tommy Hilfiger llevan décadas siendo el ADN de este estética, mientras que firmas de lujo como Gucci y Louis Vuitton lo han incorporado a sus colecciones para llevarlo a un público mucho más amplio.
Un matiz importante que suelen señalar quienes analizan la moda desde dentro: el tenniscore nunca ha ido realmente de jugar al tenis, sino de la sensación que evoca el tenis, algo que se repetirá casi calcado en cada nueva versión del sportscore.
La moda ecuestre entra en el juego: el nuevo peldaño del sportscore
Mientras el balletcore sigue creciendo y el tenniscore se consolida como básico permanente, ya hay una tercera ola calentando motores: la estética ecuestre. El informe de tendencias de Pinterest para otoño 2026 la sitúa entre sus corrientes más fuertes, con datos de crecimiento de búsqueda espectaculares: «rosette ribbon» (los lazos de premio hipícos) sube un 3.816%, las chaquetas estilo granja (barn jacket) un 1.109%, y los tatuajes con motivos de caballo un 481%. La fórmula sigue el mismo patrón que el ballet y el tenis: chaquetas militares y de granja sobre pantalones inspirados en calzones de monta, botas de goma o botas altas, y detalles hipícos discretos como lazos de premio o tatuajes pequeños, todo con un aire nostálgico y de herencia familiar suavizado con toques desenfadados.
Por qué la moda se obsesiona con vestir como si practicaras un deporte que no practicas
El origen de todo el fenómeno se remonta al confinamiento: con los gimnasios cerrados y el deporte reducido a actividades individuales al aire libre, el tenis se convirtió en una válvula de escape socialmente distanciada, y la ropa asociada a él empezó a usarse fuera de la pista. De ahí nació una lógica que se ha repetido con cada «core» posterior: elegir un deporte con connotaciones de elegancia, disciplina y cierto estatus (el ballet, el tenis, la hipíca) y convertir su uniforme en ropa cotidiana, sin necesidad de practicar ese deporte en absoluto. Es una forma de vestir la identidad que uno querría proyectar (disciplinada, refinada, con cierta herencia) sin el compromiso real que exige el deporte original.
El caso del balletcore es el que mejor ilustra hasta dónde puede llegar esto: cuando la ropa empieza a generar inscripciones reales en clases de baile para adultos, la tendencia ha dejado de ser solo estética y se ha convertido en una forma real de ocio y bienestar, algo que conecta directamente con el auge de los hobbies analógicos y de desconexión de pantallas que está documentando también Pinterest esta misma temporada.
Qué viene después del tenniscore
Si el patrón se mantiene, el sportscore no se va a detener en la hipíca. La lógica de «elegir un deporte con connotaciones de estatus y convertirlo en uniforme de calle» es lo bastante flexible como para aplicarse a cualquier disciplina con la estética adecuada: el golf, con su propia renovación de gorras y prendas técnicas convertidas en moda, es uno de los candidatos más claros para la próxima ola, junto con el remo o la vela, deportes con el mismo componente de herencia y club privado que ya han funcionado con el tenis y la hipíca.
Lo que parece claro es que el sportscore, como categoría madre, ha dejado de ser una microtendencia de TikTok para convertirse en una lógica de fondo estable de la moda contemporánea: mientras dure esa lógica, seguirá apareciendo un deporte nuevo cada temporada, con su propio «core», su propia colección de Miu Miu o Gucci, y su propio disparo de búsquedas en Pinterest o TikTok. Es el mismo mecanismo de fondo que impulsa el auge del scent-stacking en perfumería: un comportamiento real de nicho que las marcas grandes detectan y escalan.



