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Cómo una diseñadora sin fans salvó a Hello Kitty de la desaparición en 1980

En 1980 Hello Kitty apenas se vendía. La historia del piano, las sesiones con fans y cómo Yuko Yamaguchi rescató al personaje.

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Cuando Sanrio le ofreció el diseño de Hello Kitty a Yuko Yamaguchi en 1980, no le entregó un éxito hecho: le entregó un personaje que apenas se vendía. «Kitty no se vendía nada en aquella época», ha recordado la propia Yamaguchi, que ahora se retira tras 46 años al frente del personaje más rentable de la compañía. Lo que hizo en las semanas siguientes a ese encargo explica, mejor que cualquier cifra de ventas, por qué Hello Kitty sigue viva medio siglo después.

Un personaje que nadie quería heredar

Antes de Yamaguchi hubo dos diseñadoras: Yuko Shimizu, creadora original del personaje en 1974, y Setsuko Yonekubo, que la sucedió poco después. Cuando Yonekubo también dejó el puesto, dentro de Sanrio nadie daba por hecho que fuera a haber una tercera diseñadora. «Nadie quería hacerse cargo de un personaje que no se vendía», cuenta Yamaguchi en una entrevista con Tatler Hong Kong. Fue el propio fundador de Sanrio, Shintaro Tsuji, quien zanjó la duda: «Kitty fue creada como símbolo de la amistad, sería una lástima que desapareciera».

El departamento de producción creativa pidió entonces a varios diseñadores internos que propusieran nuevas ideas para el personaje. Yamaguchi, de 24 años y sin ser especialmente fan de Kitty hasta ese momento, fue una de ellos.

La historia del piano que le ganó el puesto

Mientras el resto de candidatos presentó ilustraciones sueltas de estilo gráfico, Yamaguchi hizo algo distinto: inventó una familia entera alrededor del personaje. «Mi principal duda sobre Kitty era que, aunque se suponía que quería ser pianista, no había ninguna ilustración suya tocando el piano», explica. «Así que pensé: si Kitty quiere ser pianista, necesita un piano de cola en casa. ¿Qué tipo de familia podría permitírselo? En los años 80, probablemente su padre tendría que ser directivo de una empresa de comercio.»

A partir de ahí construyó toda una biografía: un padre con carrera definida, una madre ama de casa que había sido pianista de joven, y una hermana gemela, Mimmy, que soñaba con ser novia. Presentó el resultado como un relato ilustrado completo, titulado El día en que el piano de cola llegó por primera vez a casa de Kitty, con escenas concretas: Kitty pulsando una tecla con el dedo índice, Mimmy mirándola con envidia sin atreverse a tocar, y el padre orgulloso de su compra. La jefa del departamento la contrató en el momento. «Cuando después vi lo que habían presentado los demás, la mayoría solo había traído ilustraciones sueltas», recuerda Yamaguchi.

Teclas de un piano en primer plano
La historia de un piano de cola que aún no existía en las ilustraciones de Kitty le valió el puesto a Yamaguchi en 1980

Escuchar directamente a los fans (y a los que habían dejado de serlo)

Una vez en el cargo, Yamaguchi organizó sesiones en las propias tiendas Sanrio donde dibujaba a Kitty en directo y entregaba los bocetos a quien se acercara. «Quería escuchar directamente a los fans de Hello Kitty, y también a quienes habían dejado de serlo. Era crucial ver su expresión al recibir el dibujo», explica. La respuesta más repetida entre quienes habían dejado de comprar productos de Kitty fue simple: se habían cansado de ella. Siempre llevaba la misma ropa.

A partir de ahí, Yamaguchi empezó a vestir a Kitty según las modas del momento y a darle aficiones que conectaran con la vida real de sus fans. «Pregunté a los fans por sus propias aficiones. En aquella época había una moda enorme de osos de peluche en Japón, todo el mundo los coleccionaba, así que decidí que Kitty también los coleccionaría». Con los años fue sumando el tenis entre sus aficiones, un novio (Dear Daniel) y una mascota, la gata persa Charmmy Kitty. Antes de que Yamaguchi tomara el cargo, Kitty solo había llevado peto.

De la papelería infantil a Balenciaga

Esa estrategia de escuchar sin perder la esencia del personaje es, según Yamaguchi, lo que permitió que Hello Kitty saltara de la papelería infantil a públicos completamente distintos sin dejar de ser reconocible: colaboraciones de alta costura con Balenciaga, tecnología de consumo, cafeterías temáticas, trenes bala japoneses decorados con el personaje y retrospectivas en museos. «No hay límite a lo que Kitty puede llevar impreso», resume. «Pero es esencial pensar si los fans realmente quieren ese producto. Nunca queremos crear algo que los decepcione.»

Yamaguchi tampoco tenía pensado dedicarse al diseño de personajes cuando se graduó en diseño industrial por la Joshibi University of Art and Design en 1978. «Nunca dije que quisiera ser específicamente diseñadora de personajes. No es que fuera excepcionalmente buena dibujando; simplemente me asignaron el puesto», ha explicado. A lo largo de sus cuatro décadas en Sanrio ocupó, además de diseñadora, los roles de productora y directora de arte.

Cómo eligió a su sucesora

Al preparar su relevo, Yamaguchi no buscó a la fan más entregada de Hello Kitty ni a la ilustradora más virtuosa. Buscó a alguien capaz de aguantar la presión. «Seguir mis pasos supone una presión enorme», ha reconocido. «Yo no actué únicamente como diseñadora; fui productora, directora y diseñadora al mismo tiempo. Delegué las responsabilidades de producción en una persona, las de dirección en otra, y a la hora de elegir a la diseñadora, busqué a alguien que no se derrumbara bajo presión.» Esa persona es Aya, la diseñadora identificada solo por su seudónimo que tomará el relevo a finales de 2026, sobre lo que puedes leer más en nuestra noticia sobre el cambio de diseñadora.

Una de sus frases favoritas, dice Yamaguchi, es de Charlie Chaplin: «La siguiente». No se trata de mirar atrás hacia el trabajo ya hecho, sino de seguir trayendo la próxima sorpresa. Confiada en el futuro de la franquicia, Yamaguchi lo resume así: «Siempre hemos creado pensando en la generación más joven. Así que seguiremos escuchando lo que tienen que decir los fans de la generación Z.»